Ayer estuve dos días
afuera, leyendo, esperando tranquilo
el frío con todo nuestro
verano intenso
ayer fue un día enormemente largo
que me retuvo casi una semana entera
recluido en la cocina, entre berenjenas
y recetas imposibles que resultaron ser
el mapa de mi patio trasero del
que nunca suelo hablar
ayer fue una semana en la que todo el
lunes
y parte del martes fueron destinados a
que saliera
el
sOl con gran esfuerzo
trescientos días cuento, pasillo
arriba y
abajo
sin entender bien a qué me refiero
cuando carraspeo
sirvo café sonriente como coletilla
para ganar tiempo y simplificar ideas
ayer pasé años grandes
en un cuarto en el que soy claramente
más joven e impredecible
y en el que me hice anciano dando ya
las cuatro
de la tarde con el café con leche y la
candela
por eso hoy llega hoy con sus
maletas de quedarse
hasta acabar la cena
y admito aterrarme adulto, con el gesto
obligado
al recibimiento
pero aterrado aún
por lo que no me gustaría que
aparecieras
y trataras con este armatoste que soy
cuerpo a cuerpo
tan anciano y abatido
tan rendido
en la numérica de lo que
conseguí.