Qué buenos muertos elegidos
a dedo el que tenga más polvo
o sea, el más olvidado, o el que más
necesito olvidar
tapa dura para que me obligue a escribir esta noche
como si ya supiera
que descansar
al fin
sí era necesario para evitar diagnósticos como
indicio de cara de Pushkin domingo por la mañana
aún dormido
y allí en la silla se me da bien lo mío
no me aterra el papel en blanco
soy un gran fanfarrón hace años que se dice
conservo los recursos intactos, la gran bocaza
alfileres calmados mientras no haga falta lo contrario
más biblioteca que un vagabundo
conversación concreta
cementada
qué buenos muertos los que elegí
bien y nada a ciegas
los que me dictan a pies juntillas
más de lo mismo hasta la saciedad en más
de mil idiomas más y menos entusiastas
la lucha del hombre
por fuera y de adentro
el amor del hombre
por afuera y de adentro
dónde están los límites con el resto
quién los establece en la novela quién
se los salta en el poema
y quién hace caso de ambos en lo cotidiano
el límite que salta el loco sin apoyarse en sus manos
el idiota que se lanza con los cordones anudados entre sí
porque ya leyó lo de ######
y ahí está todo
todo lo que imaginé con 15
y era poco
tan poco
porque al final era eso
sentarse a escribir con un café de espera
uno negro de tic-tac trágame tierra que se acaba
la hoja y lo único que se me ocurre es
que para que todo esto
sea útil
tan útil como para que aunque sea mentira
alimente
y no desilusione
la literatura realmente
no debería ser tan literaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario