jueves, 3 de mayo de 2012

THE DESERT SESSIONS


Me quedé dormido
dejé el coche a un lado de la carretera
como el último esfuerzo del día
la última luz que se apaga en la casa

el que besa, el que arropa
es un monstruo que apenas duerme

el mío nunca apareció
supo bien cómo asomar
en los poemas para siempre

me quedé a un lado
a esperar el fin de este verano piadoso
con el miedo
con el final del camino que se tuerce frío
a que yo especule

con Setiembre
con la zarza, moras y araña
con la tarde visiblemente más corta
tierna zancada del verano que te arranca de la tierra
y la pasa de mano
en mano
estacionalmente

entonces se levantó la niebla
que nos rodeó dándome la oportunidad
cinematográfica
de levantar las manos con una medio sonrisa
y el sarcasmo colgado del cinturón
vieja verborrea ya gastada
que avergüenza a estas alturas de la historia que se mide
aunque no lo parezca
en quince años hasta mis treinta

mi suspiro eterno en tiempo diegético
sirvió para bajarlas lentamente
y avergonzarme por aterrarme al ser yo
ahora
el último en apagar la luz
en pasar revista
en ser el monstruo que ahora besa frentes
y arropa intentos de ser más de lo que somos

por no poder sacar a mi familia de lo que son

más tarde fue la niebla
la que apretó el relato
encogiéndome de hombros
horizontalmente
no por la duda
sino por la falta de espacio

y la sal de mi boca
el ácido de la piel y de los huesos
la rugosidad de dedos y ropa
que hizo de mecha ante las bajas presiones
y tantos y tantos días
de rampas extraordinarias de temperaturas
en el camino

todo horneado con la malicia
y el veneno de quien planea una escena
y se ahoga al no advertirla del todo
pero sabiendo bien
que no tiene nada de bueno

para provocar
después de marchar la niebla
ciento cuarenta días de sequía
y mucho
mucho
silencio
apenas comprendido.

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