jueves, 31 de mayo de 2012

HISTORIETAS NACIONALES


Elijo el mismo sitio cada Domingo como un miedo meramente mío
esquivo conversaciones traseros compasión
y la obligación de ser concreto

cállense que empieza la película

y estamos en tiempos poco precisos
en los que otros años de un pais en guerra aún no se han ido
un siglo abierto en la sobremesa de la palabra

qué tragedias
de arrodillados útiles se nos vienen
éstos que sí tienen opiniones satisfactorias
éstos que han leído para poder ser interrogados fieramente
en cenas de amigos para decidirse por el uno
o el dos
o ambos, los que no se comprometen
cobardes que hablan de la muerte en tercera persona

qué habrá sido de la estupidez temprana
de lo imposible que era ser padre como ser hijo
del dramatismo de irse a la cama con lo atroz bien hecho

la insatisfacción vieja porque no hay castigo
que acalle este siglo ramplón
de demasiado escrito que me ahoga.

TELEGRAMA DE 100 AÑOS


El sudor. Los años 40.
catastróficos cambios de década
de vivienda. Toda mi casa dentro
de una maleta de mano

años 40 y la solución final en el plástico
los vendedores de tungsteno son encarcelados
acorralados en Australia en busca de barcos
sin bandera que los saquen
de esas calles

el sudor al cumplir los 40
las mudanzas de semanas
donde todas mis pertenencias caben en todos mis libros
sudor y cada vez más feos más viejos
estruendo en el retrato familiar de no
reconocerse

imposible vivir en la gran ciudad
los hipopótamos, las gallinas
y los leones se apoderaron
económicamente de las calles

vivimos en los árboles
acobardados por el fuego
de lo que fuimos
madurando en el insulto
de ser otros

malabares de carterista hacia la
otredad recomendable
muy recomendable

éramos todos
escritores furiosos
Daniel más que ninguno
cada vez más serios
más delgados

mirábamos a los cielos
buscando posibles
escondrijos para el
Capitán Harlock.

jueves, 3 de mayo de 2012

THE DESERT SESSIONS


Me quedé dormido
dejé el coche a un lado de la carretera
como el último esfuerzo del día
la última luz que se apaga en la casa

el que besa, el que arropa
es un monstruo que apenas duerme

el mío nunca apareció
supo bien cómo asomar
en los poemas para siempre

me quedé a un lado
a esperar el fin de este verano piadoso
con el miedo
con el final del camino que se tuerce frío
a que yo especule

con Setiembre
con la zarza, moras y araña
con la tarde visiblemente más corta
tierna zancada del verano que te arranca de la tierra
y la pasa de mano
en mano
estacionalmente

entonces se levantó la niebla
que nos rodeó dándome la oportunidad
cinematográfica
de levantar las manos con una medio sonrisa
y el sarcasmo colgado del cinturón
vieja verborrea ya gastada
que avergüenza a estas alturas de la historia que se mide
aunque no lo parezca
en quince años hasta mis treinta

mi suspiro eterno en tiempo diegético
sirvió para bajarlas lentamente
y avergonzarme por aterrarme al ser yo
ahora
el último en apagar la luz
en pasar revista
en ser el monstruo que ahora besa frentes
y arropa intentos de ser más de lo que somos

por no poder sacar a mi familia de lo que son

más tarde fue la niebla
la que apretó el relato
encogiéndome de hombros
horizontalmente
no por la duda
sino por la falta de espacio

y la sal de mi boca
el ácido de la piel y de los huesos
la rugosidad de dedos y ropa
que hizo de mecha ante las bajas presiones
y tantos y tantos días
de rampas extraordinarias de temperaturas
en el camino

todo horneado con la malicia
y el veneno de quien planea una escena
y se ahoga al no advertirla del todo
pero sabiendo bien
que no tiene nada de bueno

para provocar
después de marchar la niebla
ciento cuarenta días de sequía
y mucho
mucho
silencio
apenas comprendido.