Los dedos se deslizaban alfabéticamente abajo
índices por los apellidos en la lista de aptos y no aptos
las risas, susurros, el que huye avergonzado, el eco
de los pasillos que desgarró mis diecinueve
descartamos apellidos comunes hijos
de cualquiera
acampadas, inscríbete en los campos de trabajo
color caqui en la montaña dorada, (John Wayne’s undone)
geólogos, paleontólogos, quién es doctor, quién sacrifica el discurso
por la educación de los más jóvenes
calcetines por las rodillas
un amante que arrasó todo anecdotario
mi pala conmigo desde milnovecientosreciénlicenciado
trotando en camiones
si supiera qué contar
en los cara a cara de este sitio de cuatro asientos
que es la vida
todas las capas de lodo como todas las páginas
de un libro de la historia
aglutinamos portas, todas las erres del discurso
distintas dibujando el curioso mapa
de ser otros
nos sólamente santiguamios ante el rosario de huesos
la complacencia en el ámbar de enlace inerte
el grano precalentado que se orienta de afuera a adentro
hasta las rodillas enfangados celebramos el hallazgo
de que otros estén muertos
- Miren, vengan.
Sostenía un cráneo entre sus manos.
- Fue asesinado, sin lugar a dudas. El informe muestra…
Asomaba uno de sus dedos a través
del orificio
como un gusano
que aprieta el nudo
de la corbata del cadáver.