
Luchador que se acerca poco a poco
sutil hasta que eres Antonio
y tu sangre es ajena
incluso quizás Sasánida para los cuentos
que esta noche dormirán a los críos
la barcaza en la que ella se sentaba
como un trono bruñido
ardía sobre el agua
Antonio, escucha los vítores
Antonio con menos de esposa que nunca
ya a estas alturas
en las que es idolatrado
y pronunciado dulce poder del habla
Antonio desastre regidor de tu espada sale
el no aviso
el robo
cínico sádico
y francamente divertido
su belleza manchada de animal
parecían reptiles que se hundían en sus pechos
o salían de ellos
en ese justo momento
abanderado histórico más de los cines de barrio
que de las escuelas engaña nuestra historia
saca su arma rasgando meridiano celeste
y destripa a sus aduladores
arrancando las almas vacías de los que a falta de aire
apenas silban su nombre maldito en mi imaginación
alejándose de su gloriosa victoria histórica
para adentrarse de una vez por todas
en su majestuosa y esperada
victoria personal y subjetiva.