lunes, 12 de septiembre de 2011

TEMOR Y TEMBLOR (Sören Kierkegaard)


Necesito una frontera nunca vista
unos límites infranqueables prácticamente
para permitirme una vez más
ser frívolo con lo insalvable

como tantas veces

quiero de una barrera que pretenda de ese concepto
que me ha dejado bien tocado, maldito Kierkegaard,
en esta tarde en la que me has hecho pensar en pedir disculpas

evige Bevidsthed
conciencia eterna por una mala traducción
te referías a la conciencia de eternidad
al considerar un todo las generaciones anteriores y tu presente

quisiera que mi barrera necesitara de manera irremisible
de esa conciencia de colectividad eterna
para poder cruzarla
que no fueran los descarriados, los desahuciados de la política
los decepcionados, los decepcionantes
los que vagabundean esas fronteras
porque al llegar al otro lado
parias y un servidor de humor funesto
para desagradar por costumbre
acabaríamos en nuestro más de lo mismo
en nuestra eterna e inescrutable sensación de sed
y ninguneo
viendo como todos aquellos crédulos
que explicaron en cortísimos libros
origen y causa
de la gran mierda
tenían razón con su gran-sublime-a plazos
que todo justifica

un todo común de pensamiento único
homogéneo pangeista para el ojo crédulo
que me entristece y a la misma vez

amotina.

jueves, 8 de septiembre de 2011

HISTORIETAS NACIONALES




Elijo el mismo sitio cada Domingo como un miedo meramente mío
esquivo conversaciones traseros compasión
y la obligación de ser concreto

cállense que empieza la película

y estamos en tiempos poco precisos
en los que otros años de un pais en guerra aún no se han ido
un siglo abierto en la sobremesa de la palabra

qué tragedias
de arrodillados útiles se nos vienen
éstos que sí tienen opiniones satisfactorias
éstos que han leído para poder ser interrogados fieramente
en cenas de amigos para decidirse por el uno
o el dos
o ambos, los que no se comprometen
cobardes que hablan de la muerte en tercera persona

qué habrá sido de la estupidez temprana
de lo imposible que era ser padre como ser hijo
del dramatismo de irse a la cama con lo atroz bien hecho

la insatisfacción vieja porque no hay castigo
que acalle este siglo ramplón
de demasiado escrito que me ahoga.