
Era una familia extraña
que conocí cuando a mí no me importaba nada
vinieron del sur arrastrados por el engaño
de una vida mejor
como un espaldazo súbito
frío nocturno de malestar
siempre juntos
dormían en una cama inmensa
todos siete
tenían la música altísima
entre las paredes de papel de sus vecinos
y los golpes
y las campanadas
y los cristales que bailan y no quiebran
sin mirarse nunca a los ojos
un día escuché los gritos
abrí la puerta y al momento todos enmudecieron
empezaron a hacer todo y nada
como si de repente estuvieran muy ocupados
les pregunté si estaban bien
y todos miraron al hijo pequeño
como si callado con la boca abierta
hubiera dicho ya demasiado
es una familia extraña
que visito puntualmente todas las navidades
y de la que no sé
cuándo y de qué manera
dejé de formar parte.